Arquitecto: Luis Caselli
Ubicación: El Marañón
Año: 1944
El Edificio Arraiján, ubicado en el intersticio de los barrios de La Exposición y El Marañón, es un destacado ejemplo de los principios de arquitectura moderna en Panamá que data de la década de los 40. Diseñado por el arquitecto Luis Caselli, este edificio se erigió como uno de los más grandes y monumentales de todos los multifamiliares de su época. Fue construido por la Caja del Seguro Social (CSS) y una vez concluido fue traspasado al Banco de Urbanización y Rehabilitación (BUR), que instaló allí sus oficinas.
Con 3 pisos de altura, el edificio Arraiján albergaba un total de 105 unidades de vivienda, de una sola habitación y 42 de dos habitaciones, además de 7 locales comerciales en su planta baja. Su planta era de forma irregular, compuesta por un cuerpo principal cuadrangular y un ala posterior en forma de "U". Dos patios interiores, uno de dimensiones considerables en el cuerpo principal y otro más pequeño en el secundario, brindaban un espacio agradable y luminoso en el interior del edificio.
Las unidades de vivienda, ya fuesen de una o dos habitaciones, ofrecían cocinas y baños privados, así como balcones individuales. Las ventanas, estratégicamente ubicadas, eran de persianas de vidrio hacia las fachadas y ventanas altas de persianas fijas de madera hacia los pasillos, fomentando la ventilación cruzada y la iluminación natural.
Con 3 pisos de altura, el edificio Arraiján albergaba un total de 105 unidades de vivienda, de una sola habitación y 42 de dos habitaciones, además de 7 locales comerciales en su planta baja. Su planta era de forma irregular, compuesta por un cuerpo principal cuadrangular y un ala posterior en forma de "U". Dos patios interiores, uno de dimensiones considerables en el cuerpo principal y otro más pequeño en el secundario, brindaban un espacio agradable y luminoso en el interior del edificio.
La disposición de escaleras y accesos estaba meticulosamente pensada, con un acceso principal en la intersección de la Ave. Justo Arosemena y la calle 25 este, además de cuatro unidades de escaleras repartidas en las otras fachadas y dos unidades en los patios centrales. Los espacios que albergaban las escaleras presentaban aberturas rectangulares a modo de celosías que permitían la entrada de luz y ventilación. Además, el edificio contaba con áreas de lavandería en cada uno de sus pisos.
Las unidades de vivienda, ya fuesen de una o dos habitaciones, ofrecían cocinas y baños privados, así como balcones individuales. Las ventanas, estratégicamente ubicadas, eran de persianas de vidrio hacia las fachadas y ventanas altas de persianas fijas de madera hacia los pasillos, fomentando la ventilación cruzada y la iluminación natural.
Un detalle ingenioso del diseño era la elevación de los apartamentos de la planta baja, que se encontraban a 80 cm del suelo, asegurando que los peatones no tuvieran contacto directo con las viviendas y, en consecuencia, mejorando su seguridad.
El edificio Arraiján representaba una transición arquitectónica entre dos épocas. Por un lado, mantenía la tradición de patios con pasillos abiertos para la circulación, pero por otro, sus fachadas eran decididamente modernas, con balcones individuales que formaban retículas alargadas. El elemento más impresionante era su monumental entrada esquinera. Las bandas horizontales y curvas recordaban al expresionismo alemán, mientras que los balcones semicirculares de la fachada lateral derecha evocaban la arquitectura de Erich Mendelsohn en Alemania.
Originalmente, el edificio estaba pintado en un elegante color crema, pero posteriormente se tiñó de un color verde menta que se convirtió en su sello distintivo.
Con el paso del tiempo, el edificio Arraiján experimentó múltiples daños debido a la falta de mantenimiento en sus primeros años de uso. Para la década de los 80, ya mostraba un considerable estado de deterioro, pero sorprendentemente, persistió en pie durante varias décadas más hasta su demolición en 2018.
No se tomó la decisión de restaurar esta estructura arquitectónica única, y en su lugar, se optó por su demolición para dar paso a un conjunto de edificios de vivienda social de baja altura que fueron bautizados con el mismo nombre.
Con su diseño innovador, elementos expresionistas y su icónico color verde menta, dejó una huella imborrable en la historia arquitectónica de Panamá. Aunque su demolición fue inevitable debido a su deterioro, su legado perdura como un recordatorio de la importancia de preservar y valorar nuestro patrimonio arquitectónico.
Bibliografía
- Tejeira Davis, Eduardo (2007). Panamá: Guía de Arquitectura y Paisaje. Sevilla, España: Consejería de Obras Públicas y Transportes; Panamá: Instituto Panameño de Turismo.
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